Pilar Climent, la artista que transforma lo cotidiano en arte


Fierro, piedras, cristal… lo que la mayoría vería como simples objetos de la vida cotidiana, Pilar Climent lo ve como piezas para una próxima obra de arte.

Pilar es una artista plástica mexicana con la capacidad de combinar y transformar materiales en piezas de todo estilo y función. Desde muebles y puertas para casas, hasta obras de gran dimensión como la Puerta escultural en el Museo de Corpus Christi de Texas, Estados Unidos, o la fachada monumental y el mural para el salón de evento de la Universidad de Doha, Qatar.

En sus 20 años como artista y diseñadora, las obras de nuestra chingona de la semana han sido exportadas a lugares como Japón, Hawai, San Francisco, Nueva York, Dallas, Colombia y Venezuela.

Checa nuestra entrevista exclusiva, donde nos platica los mejores consejos que todo artista debe seguir para, como ella, triunfar siguiendo su pasión por el arte.

¿Momento cuando supiste que querías ser artista profesional?

Crecí dentro de una familia de artistas. Crecí viendo pinturas, arte; escuchando de música y de proporciones. Creo que fueron temas que sin darme cuenta se me fueron quedando. Así que desde muy chica empecé a crear cosas.

Al principio, no lo veía como profesión sino como un camino natural por el contexto de mi familia.Cuando llegó el momento de preguntarme qué hacer conmigo, cómo ganarme la vida, vi las habilidades que tenía. Así se fue concretando lo que ya hacía en un camino profesional.

¿Por qué comenzaste a trabajar con objetos?

Empecé trabajando en interiorismo, entonces estaba en contacto con muchos materiales: madera, cemento, fierro…

Era un trabajo en donde, al diseñar para alguien más, al trabajar para un cliente, haces lo que él busca. No tienes la independencia de diseño.

Llegó un momento cuando decidí que quería trabajar las obras como yo quisiera. Fue un salto al vacío. A diferencia de diseñar algo por encargo, fue crear una obra sin la seguridad de que se venda, con el riesgo de que nadie la compre.

Me atreví a crear una obra como artista. De crearla, mostrarla en una galería y esperar a que se venda. Fue un salto importante.

El empezar a trabajar con fierro fue algo circunstancial. Trabajé con un cuñado que hacía esculturas y necesitaba un taller para trabajar. Le conseguí un lugar, una casa abandonada. En ese taller empezamos a trabajar los dos; compartimos el taller. Y ahí fue cuando me decidí a hacer muebles de fierro.

Cuando te lanzas como artista, debes tener una línea, un lenguaje, algo que te identifique. Todos mis muebles, a pesar de ser diferentes, tienen una misma personalidad; tienen mi firma.

¿Proceso creativo?

La creatividad es como un virus latente. Es todo lo que has visto, experimentado. Ahí lo tienes, adentro de ti.

Cuando te sueltas a crear una obra, te das cuenta de que tienes una educación visual. Naturalmente empiezas a ver si tiene chiste lo que haces, si está proporcionado, si es demasiado, si le falta. Sin darte cuenta de dónde lo sacaste, tienes una brújula que te dicta qué hacer o no hacer.

Cuándo empecé con mis obras, no había Photoshop ni nada por el estilo. Y a pesar de que mi padre, hermana y esposo fueron pintores, yo soy pésima dibujante, pero siempre me las arreglaba con un boceto a lápiz y papel.

Mi proceso es hacer un boceto hasta ver algo que me guste, entender mi dibujo y visualizarlo. Con los herreros con los que he trabajado, les hago los dibujos de cómo lo veo. De dibujar a llevarlo a cabo es seguir el camino de algo que ya viste.

Poco a poco te llevas aprendizajes y trucos. Por ejemplo, fui aprendiendo los gruesos de los metales. O aprendí a hacer una fotocopia de tamaño natural de mi boceto para ver las proporciones y el volumen.

¿Cómo te influyó haber estudiado en Rusia y Alemania?

Me ayudó el tener un chip de receptora visual. Viviendo en esos lugares, veía muchas cosas, formas. Todo lo fui acumulando en una especie de archivo en la cabeza.

En Rusia, que en ese tiempo todavía era la Unión Soviética, la Rusia comunista, estudié en una escuela de arte general. Ahí desarrollé habilidades de pintura y dibujo. Aunque yo sabía que no sería pintora, me ayudó a aprender a observar. Parece que no estás aprendiendo pero aprendes a observar, a afinar el ojo.

Creo que es muy importante el observar y exponerte a muchas cosas. Si tienes educación visual, si realmente ves todo, si lo asimilas, si haces digestión de lo que ves, te abres a posibilidades y sugerencias.

Casi sin darte cuenta, estás inmerso en la moda de tu tiempo. No te das cuenta de que repites lo que ves.

Si no ves más cosas de las que estás acostumbrado, solo harás una copia de lo mismo, de lo que están haciendo a tu alrededor.

¿Obstáculos para posicionarte como artista en México?

Mi camino ha sido poco ortodoxo. Yo no vengo de una trayectoria académica. No estudié formalmente. Nunca me han dado una beca. Pero creo que se trata de lanzarse a hacerlo. Hacerte un hueco, un espacio mental en donde te permitas experimentar, jugar con las cosas…

México es un país que te deja hacer muchas más cosas que estos países de primer mundo. México te permite improvisar, jugar.

En México no hay una formalidad en donde tienes que entregar todo perfecto y con todos los detalles; aquí tú puedes ir viendo, cambiando, quitando cosas en el camino. Esa “informalidad” es en realidad un proceso creativo para mí muy valioso, algo que no hubiera obtenido en Alemania o demás países.

¿Consejo para los que inician?

Vean mucho. Pero realmente vean las cosas.

Por ejemplo, si ahora tuviéramos un grupo de alumnos a los que les dijera “pinta una flor”, la mayoría la pintaría como lo que ven impreso, no como la flor en sí. Es decir, no verán la flor, sino algo que alguien ya diseñó: la flor en la caja, la flor en la estampa que ya está hecha. Hay que tratar de ver las cosas sin que se interponga tanto la moda porque la moda es algo que te hará hacer lo mismo que todo mundo hace.

Ten la capacidad de admitir que algo te quedó espantoso. No tengas miedo a eso, a que te quede mal. Juega, experimenta. Cada intento te ayudará a saber por dónde sí y por dónde no.

Es como la primera vez que cocinas. Al principio no te saldrá y nadie querrá comerlo, salvo tu mamá, si te quiere mucho (risas), pero hay que volverlo a hacer. No hay que darse por vencido.

¿Consejo para cualquier artista?

Un maestro de arte dijo por ahí: Aprende todo. Tu reto es digerirlo, lograr que salga algo que de todo lo que traes dentro, sin copiar.

¿Consejo para encontrar el equilibrio entre el trabajo y la familia?

Todos tenemos tiempo, pero lo perdemos mucho. En especial con la tecnología; estamos horas en redes sociales, enajenados todo el día.

Es cosa de que te lo propongas, de que te hagas un hueco. Es como cuando vas a tomar una clase: te haces el espacio para ir a tomarla. Es lo mismo: ponerse un espacio y empezar a jugar con las cosas, entrar en un diálogo con ellas. Porque las cosas te van diciendo por dónde. Te dicen si debes dedicar más tiempo, menos tiempo…

¿Corriente artística favorita?

Me gusta mucho lo clásico, y es algo que se ve en mi trabajo. Mis piezas tienen un lenguaje moderno, pero se ve una digestión del arte antiguo.

Me gustan también los lenguajes contemporáneos y modernos.

¿Obra de arte favorita?

Hay muchas obras que me gustan. Siento que lo más importante es que el arte te debe dar una emoción. Y debes guiarte por lo que te gusta o no, no por la moda.

Ahora hay mucho énfasis en el arte contemporáneo donde al objeto no le ves nada sin un instructivo que te diga de qué se trata. Te echan un “choro” de dos horas de que la cubeta en el piso quiere decir tal cosa y sólo ahí te cobra sentido. Pero antes de eso, sin ese instructivo, no te hubiera dado ninguna emoción.

Yo soy de la perspectiva de que las cosas hablan por sí mismas. Todas las cosas quieren decir algo. No es necesario un panfleto que te lo diga.

¿Lo que más te gusta de ti misma?

Estoy agradecida de que sí tuve educación a pesar de que no estudié de manera formal. Todo lo que vi y experimenté llegó el momento en que se convirtió en algo.

No haber tenido una educación formal fue un camino difícil y largo, me dio algo, me hizo tener una obra más o menos original (porque nadie es 100 % original). Me hizo ser una persona no tan convencional.

A mis papás les diría que sobreviví a esa extraña educación, que estoy agradecida con lo que aprendí. Aunque no recomiendo no tener una educación formal.

¿Tu idea de felicidad?

No es fácil de contestar. Es algo muy interior. Creo que lo importante es estar bien en la plática que tienes contigo mismo; esa plática que se da entre tú y tu cabeza. Y saber apreciar la vida con lo que tienes. Por ejemplo, ver esa jacaranda y estar contento solo por eso.

Sigue al pendiente de las obras de Pilar Climent a través de su página.

Conoce más de casos de éxito como este en la sección de Nuestros Chingones.

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