Empresas mexicanas que reciclan el sargazo y lo transforman en productos

El sargazo es una macroalga marina de color marrón que, a pesar de su olor fétido, sirve de hábitat para peces, camarones, cangrejos y tortugas. El sargazo es un elemento natural e indispensable, siempre y cuando su producción natural esté en equilibrio. El problema viene cuando este equilibrio ecológico se pierde, cuando hay una sobreproducción de sargazo. 

De acuerdo con Greenpeace México, una de las causas por las que aumentó su propagación es el cambio climático: el aumento de la temperatura global también aumentó la temperatura del mar, lo que favorece su reproducción. Además, el derretimiento de los polos y  glaciares modificó las corrientes de agua y, en consecuencia, cada vez se arrastra más sargazo a playas mexicanas. 

Lo hemos visto en las noticias: el aumento del sargazo afecta directamente a destinos turísticos nacionales, como Cancún, Tulum y Playa del Carmen. La sobrepoblación de esta alga expide un olor fétido que aleja a los turistas y da un mal aspecto a las playas que basan su éxito en su atractivo visual. 

Aunque pareciera un escenario sombrío, no lo es. Hoy te presentamos a cuatro mexicanos que reciclan el sargazo. Al mismo tiempo que ayudan a acabar con este problema, estos chingones también generan un emprendimiento social sostenible.

¿Listo para conocerlos? 

Omar Vázquez Sánchez  – Ladrillos hechos con sargazo

Originario de Quintana Roo, Omar Vázquez es un empresario que decidió ver al sargazo desde una perspectiva diferente: en vez de verla como una problemática sin solución, lo vio como materia prima para hacer ladrillos orgánicos. 

Además de solucionar un tema ecológico, estos bloques también solucionan uno social: los ladrillos son tan resistentes que incluso soportan el viento de huracanes. Su resistencia fue probada por investigadores de la UNAM en Puerto Morelos. 

A la fecha, Omar ya construyó dos casas hechas con ladrillos de sargazo: la primera tiene el nombre de “Casa Angelita” y se edificó en su propiedad en Puerto Morelos. La segunda está a punto de ser donada. 

Además de estos logros, este año abrió su primera fábrica en Mahahual, Quintana Roo. 

Sargánico – Libretas a base de sargazo

Además de afectar el turismo y la economía de las playas mexicanas, el sargazo también pueden convertirse en una crisis ecológica a gran escala. Esta macroalga consume el oxígeno del mar; en consecuencia, miles de especies marinas morirían por la falta de oxígeno. Además,  su descomposición en la arena produce ácido sulfúrico y arsénico, lo que a mediano plazo contaminaría los mantos freáticos del Caribe Mexicano.

En este contexto, nació Sargánico. Esta empresa mexicana utiliza al sargazo como materia prima para elaborar libretas, portavasos, porta retratos y portamenús. 

Su misión es ofrecer productos con menor impacto en el medio ambiente, contribuir a una vida sustentable y ayudar con la limpieza de nuestras playas 

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Salgax – Abono hecho con sargazo

Mauricio Gómez, Biólogo marino y Maestro en Biotecnología, inició su aventura como emprendedor mientras estaba en la orilla del mar, en las costas yucatecas, en la temporada alta de macroalgas marinas. “¿Qué uso le podemos dar a estas algas?”, se preguntó. 

Junto con su esposa y ahora socia, Dayre Catzim, generaron abono natural, hecho a base de sargazo. Su descubrimiento los hizo merecedores del Premio Reto Emprendedor 2017, en Yucatán. 

Actualmente, estos pioneros en biotecnología marina también producen tratamientos capilares a base de algas marinas, barniz de madera, y papel, ambos hechos con sargazo. 

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Bioremar – Biodiesel a base de sargazo

Estudiantes y catedráticos del Tecnológico Superior de Felipe Carrillo Puerto son los responsables de este proyecto que obtiene biodiesel a partir del sargazo.

Tras una ardua investigación de cuatro años, en 2017, Lourdes Cauich, Rosa Canul, Alexis Pat originaron “Bioremar”, nombre de este biodiesel de origen vegetal. 

Su producto ecológico tiene el potencial de reemplazar al gasóleo de origen fósil. Con esta transición, además de contribuir con el problema del sargazo, ayudarían a bajar las emisiones de CO2, a reducir la producción de hollín entre un 40 % y un 60 % y las emisiones de monóxido de carbono entre un 10 % y un 50 %.

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