Sandra Rajkov, creadora de Rajkov Jewelry: No hay obstáculo que no se supere

La infancia forjó mi carácter

De madre serbia, artista en artes plásticas y papá mexicano, aficionado a la fotografía; crecí rodeada de artistas natos. 

Para mí era natural ver a mi mamá esculpiendo o pintando en la casa y a mi papá tomando y revelando fotos. Creo que la educación que tuve en casa fue demasiado estricta, siempre basada en la disciplina y en los valores; cosa que agradezco hoy porque me ayudó a siempre ser perfeccionista, cumplida y bien hecha en todo.  

Cuando tenía 10 años y me mandaban de campamento, mi papá siempre me regalaba una cámara desechable diciéndome que tomara los momentos más importantes y los lugares más bonitos que fuera a conocer. Me acuerdo que cuando revelábamos las fotos, él se tomaba el tiempo de decirme en qué había fallado y cómo corregir mis errores. Me decía tal cual – si esta foto no la pusieras enmarcada en la sala de tu casa, no vale la pena ni que des el click. Hay que pensar y saber observar bien qué quieres retratar para poderlo hacer de manera correcta-. 

Independiente de la educación en casa, estaba en una escuela en donde eran sumamente exigentes. ¡La educación europea es completamente diferente a la mexicana! Los maestros que tuve, aplastaban mi confianza constantemente y eso me hizo ver lo importante que es la pedagogía en la educación. Me di cuenta que pueden construir o destruir tu vida y fue entonces cuando decidieron cambiarme de escuela. Se dieron cuenta que yo me bloqueaba con los refuerzos negativos y cuando entré a una escuela mexicana mi vida cambió por completo.

Viví por primera vez la calidez de la cultura mexicana. Para mí fue impactante ver la manera en que los maestros, los padres y la cultura giraba alrededor del apapacho y del reconocimiento. Ya no sufría ni las materias ni a los maestros. En ese momento me di cuenta que podía sobresalir. Aunque mi vida escolar y personal fueron difíciles, estos dos forjaron mi carácter. 

Lo que Sandra quiere, Sandra obtiene

Me acuerdo mucho que cuando tenía 7 años, me quería comprar un disco de música, que en ese momento costaba 70 pesos, y a mí me daban 10 pesos de domingo.

Mi papá me dijo -si lo quieres, debes esperar siete semanas y no gastar tus domingos para tenerlo-. ¡Lo que a mí me pareció horrible! Yo no quería esperar 7 semanas para comprarlo, ¡lo quería ya! 

Cuando le conté esto a mi mamá, ella me dijo -si no quieres esperar, hay que trabajar-. ¡En ese momento puse manos a la obra! Lavaba los coches de mis vecinos, vendía limonadas y sándwiches afuera de mi casa. Esa misma semana pude comprar mi disco favorito.  

En vez de esperar 7 semanas y ser paciente, trabajé y vendí todo lo que pude para conseguir lo que quería. Desde ahí empecé a creer en mí y en lo que podía lograr. 

A partir de entonces, nació la frase «lo que Sandra quiere, Sandra obtiene», mi mamá así lo decía. 

No se trata de pedir las cosas ni esperar a que caigan del cielo, sino de tener la certeza de querer algo y hacer todo para lograrlo. 

Hoy en día, lo que quiero, lo logro. Encuentro la manera de hacerlo sí o sí, porque lo que Sandra quiere, Sandra obtiene. 

Mi mamá me lo repetía mucho: “si pasó por tu cabeza, puedes hacerlo realidad porque ya lo pensaste”. 

Mi turno de enseñar

Terminando prepa, gracias a todo lo que había aprendido en mi experiencia con distintos maestros, sabía que quería causar el efecto que todo maestro debe tener en un niño: inspirar y lograr que se apasionen con algo. Era momento de cambiar al mundo (risas) así que decidí estudiar Pedagogía en la Anáhuac. 

Mi carrera fue lo máximo. Enseñar era algo que me encantaba, así que me fue muy fácil y la disfruté muchísimo. Durante la universidad se me presentó la oportunidad de dar clases de fotografía (que para ese entonces yo ya era aficionada y me había clavado mucho en el estudio autodidacta de técnica y arte), fue entonces cuando entré a trabajar como maestra de fotografía en una escuela privada. 

Estaba empeñada en hacer que mis alumnos descubrieran lo apasionante que es la fotografía siempre de manera divertida, utilizando reforzadores positivos y motivándolos en todo. Hacíamos una exposición a fin de curso con sus fotografías y todos terminábamos fascinados (los papás, mis alumnos y yo). 

Logré convertirme en la maestra más querida de la escuela. Los niños se acercaban mucho a mí, me tenían mucha confianza y se sentían apapachados, muchos papás me decían -no sé que les haces pero les encanta tu clase-.

Mi tiempo como maestra fue inmensamente enriquecedor.

Todo lo que sube baja

Por azares del destino, me salí de la escuela para irme a vivir un tiempo a Guadalajara. Por una serie de eventos desafortunados y privados que tuvieron que ver con mi familia, regresé al D.F. y pasé por una situación muy difícil que me hizo tocar fondo. 

En ese momento yo vivía prácticamente de la fotografía y de los eventos sociales. Fue una etapa muy complicada que definitivamente marcó y define hoy mi vida. 

Los inicios de Rajkov Jewelry

Siempre fui fanática de los accesorios y siempre que salía me preguntaban mucho por ellos. 

Muchas veces en las reuniones o fiestas terminaba regalándolos o vendiéndolos. De ahí salió la idea de dedicarme de lleno a la joyería. 

Carlos, mi hoy esposo y papá de mis dos hijos, era mi roomie. Cuando vio cómo vendía y cómo trabajaba, decidió asociarse conmigo. Él tenía el capital para invertir y yo tenía el talento para vender. 

Él siendo actuario y matemático con un carácter bastante cuadrado y muy exacto, revisaba proveedores y hacía los cálculos necesarios para saber en cuánto poner a la venta cada accesorio para tener buenas ganancias, evitar mermas y hacer de esto que empezó como un juego, algo grande. 

Confió cien por ciento en mí y le apostó a este proyecto que tenía yo en mente. Rajkov Jewelry empezaba a formarse. 

Vender, vender, vender

Combinando la capacidad numérica de Carlos y mi habilidad para vender, el negocio comenzó a crecer muy rápido.

Cada vez éramos capaces de comprar más y mejores accesorios, teníamos una cuenta común a la que siempre se le guardaba un porcentaje de inversión. Empezamos a vender en redes sociales con fotos en donde yo era mi propia modelo y mi fotógrafa (acomodaba el tripie a mi manera y con un control tomaba las fotos).

Siempre cargaba en una maleta todo lo que tenía a la venta y fuera a donde fuera sacaba mis cosas y me ponía a vender. 

Incluso una vez yendo arreglada con mi joyería al súper, vendí. Una inocente ida al súper se convirtió en un excelente día de ventas. 

Muchos ya me ubicaban, y cuando tenían que regalar algo, me buscaban. 

Durante ese tiempo, nosotros nos encargábamos de absolutamente todo: elegir los productos para vender, importar y recogerlos en aduana, apuntar a mano los pedidos, comprar y mandar cortar la tela para nuestras bolsas de entrega y entregarlo a domicilio (porque siempre he pensado que es el mejor gancho del mundo) y nosotros personalmente entregábamos en coche pedido por pedido, ¡fuera la zona que fuera! 

Siempre he pensado que el servicio al cliente personalizado es lo que más vende, más si es a domicilio, rápido y eficiente; ¡así que eso hacíamos! Trabajábamos hasta las 3am sin parar. Recuerdo esas desveladas tomando jarras de café, con ojos de búho, emocionadísimos los dos y felices de estar vendiendo todo. 

Durante ese tiempo, también crecimos como familia, nos casamos y tuvimos a nuestros dos hermosos hijos.

Un paso adelante: Showroom, envíos, diseño e importación

El progreso del negocio nos permitió hacer mejoras importantes.

Yo me dediqué exclusivamente a las ventas y contraté gente para poder crecer. Bien dicen que “para poder crecer hay que saber delegar”. Contratamos un chofer para las entregas, a un contador, un agente aduanal, una asistente que me ordenaba y llevaba el inventario a la perfección, y así también surgieron los distribuidores.

Mientras hacíamos todo eso, mandamos restaurar unos muebles antiguos y abrimos oficialmente nuestro Showroom en Santa Fe. 

Sabíamos que el siguiente paso era diseñar nuestra propia joyería, así que preparamos un viaje a Asia para encontrar a un proveedor que nos pudiera ayudar con la producción. 

En nuestro viaje, además de surtirnos de piezas únicas, encontramos al proveedor perfecto en Turquía, quien nos ayudó a producir todo lo que nuestra mente imaginaba. 

Hoy prácticamente todo lo que vendemos son productos diseñados por nosotros y que nos ofrecen nuestros proveedores. Todo producido en Turquía e importado a México.

El futuro de Rajkov Jewelry

Quiero que Rajkov Jewelry sea la mejor joyería de México, y una de las mejores del mundo. No es broma. Ya estamos empezando a comprar y diseñar con piedras preciosas. 

Siempre digo «Tiembla Cartier» o “prepárate Tiffany” porque vamos tras ellos. Nos quiero comparar con los mejores y más reconocidos. Estoy segura que lo lograremos, porque lo que Sandra quiere, Sandra obtiene (risas).

Consejos que le daría a las personas que quieran mejorar en ventas

– Nunca le mientas a un cliente, siempre dile lo que le va mejor. 

Los clientes no son tontos y detectan rápidamente cuando a alguien solo le interesa dinero, eso los aleja, los incomoda y hace que no regresen. Si es necesario decirles que de verdad no se los recomiendas, hazlo, después volverán contigo porque fuiste sincera y te ganaste su confianza.

– No hostigues a tu cliente, deja que llegue, se sienta a gusto y pregunte él si tiene duda de algo. Bien se dicen que “al cliente le gusta comprar, no que le vendan”. 

– Entiende el estilo de cada persona: en cuanto entra por la puerta el cliente, puedo detectar el tipo de cosas que les gustan. Sé si prefieren las cosas pequeñas y discretas, los collares grandes, o las piezas únicas.

Los clientes regresan no tanto por la calidad de tus productos o la originalidad de los diseños, sino porque las joyas que compraron reflejan su personalidad, les dan confianza y complementan sus rasgos. 

– Dar un excelente servicio al cliente: debes buscar complacer a tus clientes en todo lo que sea posible. Siempre tienes que ser flexible a cualquier cambio o devolucion.

– Saber escuchar al cliente: atenderlo con una sonrisa, con amor y mucha energía, siempre ayuda. 

– Tener una imagen impecable 

Siempre me arreglo a la perfección para recibir a alguien. Tanto tú como el lugar deben de estar perfectos. No debe haber nada fuera de lugar en la casa, ya que eso habla mucho de lo que estás comprando en el Showroom.

Me paso horas arreglando el showroom, limpiando las joyas, los estantes, acomodando la configuración y encontrando la manera perfecta de acomodar las nuevas piezas para que se vea increíble y el cliente quiera comprar todo.

– Tener confianza en ti misma 

 Cuando conoces tu producto, te conoces a ti misma, das un excelente servicio y tienes práctica vendiendo, habrás desarrollado la suficiente confianza para sentirte cómoda en cualquier situación de venta.

– Aprovecha las redes sociales 

Dale difusión a tu producto y aprovecha esta gran herramienta. Hoy todos tienen la capacidad de llegar a más personas que con una tienda física. Encuentra influencers, logra que te compartan otras personas y celebridades. Eventualmente tu alcance crecerá y se convertirá en tu principal canal de ventas.

¿Qué debes hacer si estás empezando?

Tener claro que quieres, tener mucha paciencia y echarle todas las ganas del mundo. Las cosas buenas rara vez son fáciles, pero nunca debes perder la determinación.

Cuando tomes una decisión contigo mismo, la cumplas pase lo que pase. Verás que así las cosas se irán dando.

Eso no significa que no vayas a tener tropiezos o que las cosas se darán fácil- Lo más probable es que te pase de todo en el camino, pero si tienes la suficiente determinación, no habrá obstáculo que no se supere, al contrario, por lo menos en mi caso, cada fracaso superado me ha llevado más lejos que donde empecé.

Así que nunca te desanimes y siempre recuerda que para ser feliz, hay que chingarle.

No hay más, ¡a chingarle, darling!

Puedes ver entrevistas con otros chingones aquí.

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