Soplo, por Juan Carlos del Valle: Un encuentro entre lo espiritual y el arte

A cien metros de una de las avenidas más transitadas del mundo, escondido entre el caos y el estrés de la vida cotidiana, se encuentra un oasis de paz y tranquilidad del México de antes. De ese México que nuestros padres y abuelos recuerdan de forma entrañable. Se trata del Convento de las Madres Adoratrices, una casona en la colonia Guadalupe Inn que se amalgama con el resto de las residencias tradicionales de la zona.

Cruzar el umbral te transporta a un lugar y tiempo distinto, donde eres recibido con una cálida sonrisa y una sensación de estar en casa; con olor a flores, café y chocolate caliente. Desde este momento comienzas a vivir la experiencia de Soplo.

No bastan unos cuantos pasos para entrar a la capilla, donde una de las Madres Adoratrices se encuentra en rezo perpetuo, como es su tradición, frente a las reliquias de María Magdalena de la Encarnación que están actualmente exhibidas, en conjunto con tres pinturas en amarillo, rojo y verde que cuelgan sobre el altar.

Te golpea una segunda oleada de realidad. El silencio, la quietud, la luz multicolor de los vitrales que convive armónicamente con la trilogía que imita momentos del cielo con una nube obscura en su centro, que al mismo tiempo te llevan a reflexionar: De dónde venimos, quiénes somos y hacia dónde vamos. Presente, pasado y futuro. Origen, realidad e incertidumbre.

Esta experiencia inmersiva te permite vivir en carne propia las cuestiones que Juan Carlos del Valle se ha planteado desde niño y que intenta descubrir a través del arte.

Juan Carlos retoma la convivencia entre arte y religión, dos ramas integrales de la esencia humana que se han separado en las últimas décadas y que se ha convertido en tabú siquiera mencionarlas en el mismo enunciado. Soplo logra este reencuentro de forma envolvente, impactante y te hace regresar al aquí y ahora.

En el mundo de la interconectividad donde somos bombardeados con el incesante zumbido de nuestra vida diaria y nuestras ambiciones banales, esta obra logra desconectarnos, aunque sea por unos segundos. Un lujo rara vez conseguido a la vuelta del año 2020 y que parece haber sido olvidado. Nos hace recordar que somos personas reales, cuyo único significado en la vida no es solo perseguir el nuevo iPhone.

Una vez fuera del convento y de regreso a tu vida normal, sientes que saliste de ahí más humano, más completo.

Soplo seguirá en exposición en el Convento de las Madres Adoratrices hasta este sábado 28 de septiembre, en Miguel Lerdo de Tejada 149, Guadalupe Inn, CDMX.

Agradecemos a nuestro Chingón, Juan Carlos del Valle, por invitarnos a vivir esta experiencia e invitamos a todos nuestros lectores a vivirla de primera mano, ¡no se arrepentirán!

Para más información, sigue a Juan Carlos del Valle en web y redes sociales.

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