El síndrome del impostor: qué es y cómo manejarlo

Pauline Clance, psicóloga clínica y docente en la Universidad Estatal de Georgia, Estados Unidos, sentía inseguridad cada que se paraba frente a sus alumnos a dar clases. “Me sentía como un impostor ante toda esta gente tan brillante».

Inseguridad, sentirse por debajo de la altura de tu entorno, sentirse insuficiente… Estos sentimientos llevaron a la Dra. Clance junto a su colega Suzanne Imes a acuñar el término “Síndrome del impostor” por primera vez en 1978. 

El síndrome del impostor te podría estar afectando a ti también. Hoy te presentamos de qué se trata y cómo puedes combatirlo para que no afecte tu emprendimiento. 

Qué es el síndrome del impostor

Se refiere a un patrón de comportamiento en el que las personas dudan de sus logros, se convencen de que no merecen el éxito que tienen y viven con un miedo constante de que los demás noten que son solo un fraude. 

A pesar de tener evidencia de sus logros, las personas con este síndrome menosprecian su trabajo. Se convencen de que su éxito fue mera cuestión de suerte y, de hecho, se creen menos inteligentes y menos competentes que como los demás lo perciben. 

Síntomas del síndrome del impostor

Este patrón psicológico puede presentarse en cualquier profesión, edad, situación social o económica. Sin embargo, es común presentarse entre personas con alto nivel de autoexigencia y personas con alto rendimiento, de acuerdo con Marta Calderero, profesora de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

Por ejemplo, un joven que fue ascendido en su empresa y, a pesar de haber cumplido con las pruebas y haber sobresalido, se convence de que seguramente fue porque no había otros competidores. Un emprendedor que se presenta ante inversionistas y a mitad de la presentación siente que su negocio realmente no es tan bueno. O un emprendedor social que fue invitado a un panel de expertos y no se siente a la altura de los demás ponentes. 

En general, los síntomas se resumen en sentirse como un impostor, alguien que no es lo suficientemente bueno; un fraude que no merece lo que tiene y que, tarde o temprano, será descubierto por los demás. En consecuencia, causa estrés, baja autoestima, vergüenza y, solo en algunos casos, depresión o ansiedad.

Es importante señalar que el síndrome del impostor no necesariamente está ligado con depresión, ansiedad o autoestima. 

Elizabeth Cox – ponente de Ted Talk 

La Dra. Clance afirma que las personas con este síndrome, generalmente, no exteriorizan a los demás estos sentimientos. No comparten con nadie estos síntomas a pesar de sentirlos. De hecho, la mayor parte de las personas que sufren de este síndrome no son conscientes de ello; solo hasta que oyen hablar del tema encuentran sentido a sus síntomas. 

El síndrome del impostor afecta tu desempeño

De acuerdo con Mega-Dalla Camina, autora en temas de liderazgo y bienestar, el síndrome del impostor puede limitar el coraje para buscar nuevas oportunidades, explorar áreas de interés y exponerse a nuevos retos. 

El sentirse poco merecedor y el creer que los elogios de los demás son solo mentiras te limita como emprendedor. Afecta tu confianza, tu seguridad y tu felicidad en el día a día. En consecuencia, reflejas esos sentimientos y pierdes oportunidades

De hecho, un estudio de la Universidad de Salzburgo (Austria), citado por el medio ABC España, concluyó que la mayoría de los afectados tienen sueldos más bajos, menos ascensos que compañeros con experiencia similar y más problemas para encontrar empleo.

Cómo combatir el síndrome del impostor

Todos somos susceptibles a este síndrome en especial por un fenómeno conocido como ignorancia pluralista. 

De acuerdo con Elizabeth Cox, al dudar de nosotros mismos en privado, creemos que somos los únicos con esa sensación porque nadie más expresa sus dudas. 

En ese sentido, la forma más segura de combatir el síndrome del impostor es hablar de ello. Hablar con los demás que tan duro trabajamos, qué tan difíciles encontramos ciertas tareas, cuánto dudamos de nosotros mismos. 

“Es posible que nunca podamos desterrar estos sentimientos por completo, pero al tener conversaciones más abiertas sobre nuestros desafíos académicos o profesionales, con una mayor conciencia de cuán comunes son estas experiencias, nos sentiremos más libres de hablar sobre nuestros sentimientos y empezaremos a creernos que tenemos talento, somos capaces y pertenecemos donde estamos”, afirma Cox.

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