¿Eres o tienes un jefe tóxico? 6 señales para identificarlo

Los jefes son como los capitanes de un barco. Son ellos los que indican la dirección, los que dan instrucciones a los demás marineros, los que deciden qué hacer en caso de un obstáculo y los que tienen como misión llevar a toda la tripulación a puerto seguro. 

Por tanto, un mal jefe puede ser desastroso para cualquier emprendimiento. No importa qué tan buena sea tu idea o qué tan sólido sea tu plan de trabajo, un mal jefe puede hacer que toda la ejecución caiga. 

Te dejamos seis características de un jefe tóxico. Si eres emprendedor, ¡evítalas a toda costa! 

No delega tareas

El jefe “todo mío”. Aquel que todo lo quiere hacer el mismo porque se guía por la frase “si quieres que algo se haga bien, hazlo tu mismo”. 

Esta actitud solo entorpece a la empresa porque una sola persona no puede hacerse cargo de todo. Es imposible darse abasto. 

Además, al acaparar todas las responsabilidades, provoca que los demás miembros se desmotiven, aburran, se sientan desvalorados y, finalmente, se terminen yendo del proyecto. 

Se desentiende de los proyectos

El extremo opuesto del caso anterior. El jefe “ahí se ven, yo ya me voy”. Esa persona que quiere delegar absolutamente todo. Aquel que solo reparte tareas y jamás vuelves a verlo.  

Este tipo de jefe jamás se junta con su equipo para revisar cómo van. Mucho menos está disponible para ellos en caso de que tengan dudas o sugerencias. 

Critica el trabajo sin dar retroalimentación 

Hay de críticas a críticas. Un buen jefe señala las áreas de oportunidad para hacer ver a la otra persona en qué puede mejorar. Se concentra en que el otro entienda cuál fue el error y cómo se puede evitar. Asimismo, procura que la crítica sea hecha con respeto y calma. 

En cambio, uno tóxico se centra meramente en el regaño, los gritos y en recalcar lo que estuvo mal. Al hacer esto, la persona que se equivocó no entiende el porqué y, muy probablemente, repita su error en el futuro. 

Se centra en los culpables en vez de las soluciones

Los errores son inevitables. Ya sea por descuido, por error humano o porque no había manera de saberse que era una equivocación, siempre hay riesgo a cometer uno. 

Ante estos, un mal jefe reacciona de manera negativa. Se centra totalmente en encontrar culpables y, en el peor de los casos, en crearse un chivo expiatorio. Busca a alguien contra quien dirigir las críticas, a quien señalar frente a todos para “limpiarse las manos”. 

Al contrario, un buen jefe reacciona viendo hacia adelante. En momentos de crisis, cuando algo se hizo mal, se centra en cómo corregirlo de la manera más eficiente posible. Si hubo un responsable directo, trabaja en conjunto con él para solucionarlo y, una vez resuelto, habla con él de manera propositiva para evitar repetir el caso. 

No sabe sacar lo mejor de cada uno 

Un mal jefe solo es un repartidor de tareas. Agarra los pendientes en la lista y reparte “al ahí se va”. No toma en cuenta si ese reparto es lo mejor para la empresa y para sus empleados. 

El buen jefe, en cambio, identifica las personalidades de su equipo y el estilo de trabajo al que pertenecen. Con esto en mente, adapta el trabajo a sus modelos y sus intereses para sacar lo mejor de cada uno de ellos. 

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No acepta sugerencias 

El jefe sabelotodo. El que cree que tiene la verdad absoluta. Aquel que más que colaboradores y socios solo quiere personas que lo obedezcan sin titubear. 

Un buen jefe, al contrario, es humilde. Entiende que no es experto en todo, que hay especialistas en otras ramas a las que vale la pena escuchar. 

Un buen jefe confía en su equipo. Sabe que tienen sus propios conocimientos y experiencias por lo que, si los escucha, creará estrategias más poderosas que si lo hiciera solo.

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